Rusia y del Reino Unido fue inmediata y suspendieron todos sus vuelos a Egipto. Esta situación muestra que la amenaza de nuevos ataques es muy alta.
Para miles
de
rusos,
obligándose
a volver
sin
equipajes
de
sus
vacaciones
egipcias
dejará
la
impresión
inequívoca
que
el
terrorismo
esta
detrás
de
la
muerte
de
más
de
200 de
sus
compatriotas
la
semana
anterior.
Aún,
en
casa,
los
funcionarios
públicos
insisten
que
todas
las
explicaciones
del
accidente
de
Sinaí
todavía
están sobre
la
mesa. Hacer explotar
un
avión
de
pasajeros
en
venganza
de
la
campaña
aérea de
Moscú
contra
el
estado
islámico
plantea
la
incómoda pregunta para
Vladimir
Putin:
¿Han
calculado
las
autoridades
rusas
los
riesgos
más
amplios
de
enviar
sus
aviones
a misiones cuyo objetivo sea el bombardeo de una
región
tan
inestable
y tan
amada
por
millones
de
turistas
rusos?
Pese a ello,
la
opinión
pública
en
Rusia
es
muy
flexible
y responde
en la línea
tomada
por
la
TV
patrocinada
por
el
estado.
Los
canales
del
gobierno
siguen
anunciando
éxitos
de
la
fuerza
aérea
rusos
en
Siria
y
tratan de acentuar
la
importancia
de
luchar
contra
el
extremismo
islámico, incluso
a miles de millas
de
distancia de las orillas
rusas.
Hay
poca
preocupación
por
la
carencia
de discusión
pública
o parlamentaria.
Rusia no desea que Siria se vuelva un estado
radical islamista o un lugar seguro para grupos terroristas en el largo plazo,
porque podría traerle posibles consecuencias a su propia región musulmana en el
Cáucaso.
Con este
atentado se revive una situación similar al atentado del 11 de Septiembre de
2001 aunque en menores dimensiones. La idea de unirse, dejando atrás las
diferencias ideológicas y culturales, para luchar contra un enemigo común
podría ser factible, pero es poco probable que se de el caso. La situación
internacional hoy en día es bastante diferente a la del comienzo del siglo XXI,
vivimos en un periodo de gran desestabilización.
Tras las crisis de Ucrania y Siria, Rusia ha cuestionado
el sistema internacional y trata de restablecer su estatus como superpotencia.
Esto ha supuesto la aparición de cambios considerables en la naturaleza de las
relaciones internacionales y en la situación socio-política de Rusia.
Si
los
investigadores
del
accidente
aéreo
concluyen
que
el
avión ruso fue
en efecto reducido por
una
bomba,
es muy posible que
la
atrocidad
se
utilice en un futuro próximo como
un
argumento
para
la
intensificación,
en
vez
de
limitación,
de la campaña
rusa
en
Siria.
Es poco probable que lo ocurrido en la
península del Sinaí ayude a que Rusia y Occidente reconcilien sus posturas. En
un sistema internacional con falta de equilibrio, los nuevos factores
desestabilizadores aumentan el caos en vez de provocar mecanismos de acercamiento.

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